Tribuna de opinión de Agustín Rodríguez, CEO de PFSTECH para Expansión.
Pocas herramientas reflejan tan bien la salud económica de una región como el crédito. No solo mide cuánto y cómo se financia una sociedad, sino también cómo evoluciona su confianza, su apetito por el riesgo y su capacidad de anticiparse a los cambios. Ese termómetro hoy está sometido a una transformación sin precedentes.
Una nueva era para el crédito
Digitalización, Inteligencia Artificial y nuevos modelos de evaluación están redefiniendo el acceso al crédito, especialmente en Europa y América Latina. La tecnología no es solo una herramienta: se ha convertido en un acelerador del cambio. Al mismo tiempo, los criterios ESG y la sostenibilidad comienzan a influir activamente en qué proyectos reciben financiación y cuáles no.
Mientras las instituciones tradicionales tratan de ganar agilidad, las fintech aprovechan los datos y los algoritmos para llegar a segmentos históricamente excluidos. Esto es especialmente relevante en regiones con alta población no bancarizada, donde las soluciones digitales han abierto la puerta a millones de personas que antes no eran visibles para el sistema financiero.
Europa: eficiencia y sostenibilidad en un mercado maduro
En Europa, el crédito se está reconfigurando tras años de contracción. Los grandes bancos (con infraestructuras heredadas y modelos poco ágiles) apuestan ahora por la eficiencia operativa y la digitalización. La prioridad ya no es solo crecer, sino hacerlo de forma escalable, segura y sostenible.
Aunque el volumen total de crédito aún refleja cierto estancamiento, algunos mercados como los nórdicos o Alemania destacan por su capacidad de innovación, incluso en segmentos como el crédito a pymes. Allí, la transformación no es solo tecnológica, sino también cultural: se valora la transparencia, la competencia y la relación de largo plazo con el cliente.
América Latina: inclusión financiera a ritmo acelerado
En el otro extremo, América Latina vive un momento expansivo. El crédito crece a un ritmo mayor que el de sus economías, impulsado por actores no tradicionales y nuevas plataformas tecnológicas. Fintechs y bancos alternativos han conseguido ofrecer crédito a trabajadores informales y pequeñas empresas en países como México, Brasil o Argentina.
Sin embargo, los desafíos persisten: inflación estructural, volatilidad política y sistemas financieros aún por consolidar. En este contexto, la tecnología se convierte en una aliada indispensable: optimiza procesos, mejora la trazabilidad y permite personalizar la oferta crediticia según el perfil y la realidad de cada usuario.
Un entorno internacional más complejo
Las recientes tensiones comerciales y los nuevos aranceles anunciados por Estados Unidos, introducen nuevas variables en este escenario. Su impacto no se limita al comercio, afectan también a los flujos de inversión, la estabilidad cambiaria y, por ende, al acceso al crédito en la región.
El valor de una mirada cruzada
El diálogo entre Europa y América Latina puede ser una vía de avance compartido. Europa aporta regulación avanzada, estándares de estabilidad y una larga trayectoria en protección al consumidor. América Latina, por su parte, muestra cómo abrir el crédito a nuevos actores, liberar el mercado y generar innovación a través de la tecnología.
Más que adaptarse, el crédito necesita anticiparse: leer los cambios, interpretar las señales y responder con soluciones ágiles, inclusivas y sostenibles. Porque el acceso al crédito no solo impulsa el crecimiento, también construye sociedades más resilientes y preparadas para lo que viene.
</div >

